Hace más de 50 años atrás, las Líneas de Nazca eran desconocidas para nosotros. Se volvieron
visibles gracias a la aviación. Fue ahí cuando una mujer alemana llamada María Reiche, se
mudó a la llanura de Nazca y con escobas empezó a limpiar una por una las gigantescas
figuras.
Luego de un par de años, debido a una infección ella perdió un dedo de su mano izquierda.
Y cuando descubrió que la figura del mono tenía también 9 dedos, se dio cuenta que estaba
destinada a estar ahí y quedarse.